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2 de Mitad de año de 2920 Balmora, Morrowind

"El ejército imperial se está reuniendo al sur”, dijo Cassyr. “Se encuentran a dos semanas de marcha desde Ald Iuval y el lago Coronati y están fuertemente armados”.

Vivec meneó la cabeza. Ald Iuval y su ciudad gemela al otro lado del lago Ald Malak eran unas fortalezas estratégicamente importantes. Llevaba tiempo esperando que, en algún momento, las atacaran. Su capitán descolgó de la pared un mapa del suroeste de Morrowind y lo alisó, luchando contra la suave brisa marina de verano que entraba por la ventana abierta.

“¿Has dicho que están fuertemente armados?”, le preguntó el capitán.

“Sí, señor”, dijo Cassyr. “Estaban acampados cerca de Bethal Gray, en las tierras centrales, y todo lo que he visto eran armaduras de ébano, enanas y daédricas, un magnífico armamento y equipos de asedio”.

“¿Y qué me dices de los lanzadores de conjuros y los barcos?”, preguntó Vivec.

“Una horda de magos guerreros”, respondió Cassyr, “aunque no disponen de barcos”.

“Si van tan armados, les llevará al menos dos semanas, como tú has dicho, llegar desde Bethal Gray hasta el lago Coronati”, dijo Vivec mientras estudiaba el mapa minuciosamente. “Las ciénagas los retrasarían si intentan después rodear Ald Marak desde el norte, así que habrán planeado cruzar los estrechos por aquí y tomar Ald Iuval. A continuación, bordearán el lago hacia el este y atacarán Ald Marak por el sur”.

“Serán vulnerables en los estrechos”, afirmó el capitán. “Siempre y cuando ataquemos cuando estén a más de medio camino y no puedan retroceder hasta las tierras centrales”.

“Tu información, una vez más, nos ha sido muy útil”, comentó Vivec, sonriéndole a Cassyr. “Volveremos a expulsar a los agresores imperiales”.

3 de Mitad de año de 2920 Bethal Gray, Cyrodiil

“¿Tras la victoria volverás por este camino?”, preguntó lord Bethal. El príncipe Juilek apenas podía prestarle atención a aquel hombre. Estaba concentrado viendo cómo su ejército levantaba el campamento. La mañana se había levantado fría en el bosque, pese a que no había nubes. Todo apuntaba a que la marcha de la tarde sería calurosa, especialmente dentro de esas armaduras tan pesadas.

“Si volvemos al poco tiempo, será a causa de la derrota”, dijo el príncipe. Pudo ver como más abajo, en el prado, el potentado Versidue-Shaie pagaba al administrador de su señoría por la comida de la aldea, el vino y las prostitutas. Sin duda, un ejército acarreaba muchos gastos. “Mi príncipe”, dijo lord Bethal preocupado. “¿Tu ejército se pondrá en marcha en dirección este? Eso solo te conducirá a las costas del lago Coronati. Lo que quieres es ir hacia el sudeste, justo hacia los estrechos”.

“Tú asegúrate de que tus mercaderes reciban la parte de nuestro oro que les corresponde”, respondió el príncipe sonriendo abiertamente. “Deja que yo me encargue de la dirección de mi ejército”.

16 de Mitad de año de 2920 Lago Coronati, Morrowind

Vivec miraba a través del extenso lago azul y veía su reflejo y el de su ejército sobre las frías y azules aguas. Lo que no veía era el reflejo del ejército imperial. Tendrían que haber llegado a los estrechos ya, a menos que hubieran sufrido algún contratiempo en el bosque. Los altos árboles del lago, delgados como una pluma, le impedían ver la mayor parte de los estrechos, pero un ejército, especialmente uno que se moviera despacio por las pesadas armaduras, no podría pasar desapercibido ni permanecer en silencio.

“Déjame ver de nuevo el mapa”, dijo llamando a su capitán. “¿No se pueden aproximar de otra manera?”

“Tenemos centinelas apostados en las ciénagas del norte, por si están tan locos como para ir por allí y hundirse”, dijo el capitán. “Por lo menos nos enteraríamos. Sin embargo, no hay otra forma de cruzar el lago si no es por los estrechos”.

Vivec volvió a mirar su reflejo. Parecía que la distorsionada imagen se estaba burlando de él. Entonces, volvió a estudiar el mapa. “Espía”, dijo Vivec, llamando a Cassyr. “Cuando dijiste que el ejército disponía de una horda de magos guerreros, ¿cómo estabas tan seguro de que eran exactamente eso?”

“Vestían togas grises con insignias místicas”, explicó Cassyr. “Supuse que eran magos, si no ¿por qué viajaría un grupo tan grande con el ejército? Todos no podían ser curanderos”.

“¡Eres un estúpido!” bramó Vivec. “Son místicos instruidos en el arte de la alteración. Han lanzado un hechizo de respiración bajo el agua sobre todo el ejército”.

Vivec corrió hasta una nueva posición desde donde podía ver el norte. Más allá del lago, pese a que tan solo era una pequeña sombra en el horizonte, pudo otear las llamas del asalto a Ald Marak. Vivec gritó furioso y su capitán se puso manos a la obra una vez más, dirigiendo al ejército para que rodeara el lago y defendiera el castillo.

“Regresa a Dwynnen”, dijo Vivec rotundamente a Cassyr antes de partir para unirse a la batalla. “No necesitamos ni queremos tus servicios”.

Cuando el ejército de Morrowind llegó a Ald Marak, ya era demasiado tarde. El ejército imperial ya había tomado el lugar.

19 de Mitad de año de 2920 La Ciudad Imperial, Cyrodiil

El potentado llegó a la Ciudad Imperial en medio de una gran fanfarria. Las calles estaban llenas de hombres y mujeres que le saludaban como el símbolo de la toma de Ald Marak. A decir verdad, habrían sido muchos más si fuera el príncipe el que hubiera regresado, y Versidue-Shaie lo sabía. De todas formas, le agradaba hasta límites insospechados. Nunca antes los ciudadanos de Tamriel habían dado la bienvenida a un akaviri.

El emperador Reman III lo saludó con un caluroso abrazo y, a continuación, sacó la carta que había recibido del príncipe.

“No entiendo”, dijo finalmente, con alegría aunque algo confuso.

“¿Pasasteis bajo el lago?”

“Ald Marak es una fortaleza muy bien fortificada”, explicó el potentado, “y debo añadir que el ejército de Morrowind lo ha vuelto a descubrir ahora que son ellos los que están fuera. Para tomar la ciudad, tuvimos que atacar por sorpresa y con nuestros soldados vestidos con sólidas armaduras. Gracias al hechizo que nos permitió respirar bajo el agua, conseguimos viajar mucho más rápido de lo que Vivec había calculado, y las armaduras resultaron más ligeras en el entorno acuático. Además, conseguimos atacar desde la frontera acuática del lado oeste de la fortaleza, donde las defensas eran más débiles”.

“¡Brillante!” afirmó el emperador. “¡Eres un estratega fantástico, Versidue-Shaie! Si tus antepasados hubieran sido tan buenos como tú, Tamriel estaría bajo el dominio akaviri”.

El potentado no había planeado llevarse los honores por el plan del príncipe Juilek, pero cuando el emperador se refirió al fiasco de su pueblo en la invasión de hacía doscientos dieciséis años, cambió de opinión. Sonrió modestamente y se dejó alabar.

21 de Mitad de año de 2920 Ald Marak, Morrowind

Savirien-Chorak se deslizó hacia el muro para ver a través de la saetera cómo se retiraba el ejército de Morrowind hacia los bosques situados entre las ciénagas y el castillo. Parecía la oportunidad ideal para atacar. Quizá se podían incendiar los bosques y al ejército con ellos. Puede que, con Vivec en manos enemigas, el ejército les permitiera apropiarse también de Ald Iuval. Le comentó sus ideas al príncipe.

“Parece que te estás olvidando de algo”, rió el príncipe Juilek, “de que prometí que no dañaría ni al ejército ni a sus comandantes durante la negociación de la tregua. ¿Es que acaso en Akavir no existe el honor en tiempos de guerra?”

“Mi príncipe, yo nací aquí en Tamriel y nunca he visitado la tierra de mis antepasados”, respondió el hombre serpiente. “Pero incluso así, tus métodos me resultan extraños. No querías clemencia y no os la di cuando luchamos en la arena imperial hace cinco meses”.

“Era solo un juego”, respondió el príncipe, antes de hacerle un gesto con la cabeza a su administrador para que permitiera entrar al jefe de batalla dunmer.

Juilek nunca había visto antes a Vivec, pero había oído que era un dios viviente. Lo que apareció ante él era solo un hombre. Un fornido individuo, atractivo, de rostro inteligente, pero un hombre después de todo. El príncipe se alegró: con un ser humano podía entenderse, pero no con un dios.

“Saludos, mi digno adversario”, dijo Vivec. “Parece que estamos en un punto muerto”.

“No necesariamente”, respondió el príncipe. “No nos quieres entregar Morrowind y no te culpo por ello. Sin embargo, necesitamos tu costa para proteger al Imperio de las agresiones por mar, así como algunos castillos de la frontera especialmente estratégicos, como este, y Ald Umebeil, Tel Aruhn, Ald Lambasi y Tel Mothrivra”.

“¿A cambio de qué?”, preguntó Vivec.

“¿Que a cambio de qué?”, rio Savirien-Chorak. “No olvides que nosotros somos los vencedores en esta ocasión”.

“A cambio”, dijo el príncipe Juilek cautelosamente, “no habrá más ataques imperiales a Morrowind, a no ser que sean como respuesta a una provocación vuestra. La marina imperial os protegerá de los invasores. Y vuestra tierra se expandirá al anexionarse ciertos terrenos de Ciénaga Negra, aquellos que elijas, siempre y cuando no resulten necesarios para el Imperio”.

“Una oferta razonable”, dijo Vivec tras una pausa. “Debes perdonarme, no estoy acostumbrado a que los de Cyrodiil ofrezcan algo a cambio de lo que quieren. ¿Puedo tomarme unos días para decidir?” “Nos reuniremos de nuevo en el plazo de una semana”, dijo el príncipe sonriendo. “Entre tanto, si tu ejército no ataca al mío, estaremos en paz”.

Vivec abandonó la sala del príncipe con la sensación de que Almalexia estaba en lo cierto. La guerra había acabado. El príncipe se convertiría en un excelente emperador.
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