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Emmeg Gro-Kayra fue un guerrero orsimer que vivió tiempo antes de la creación de Orsinium en la Primera Era. Emmeg era el hijo bastardo del príncipe daédrico Malacath y de una joven doncella que murió al dar a luz.[1]

TrasfondoEditar

Fue educado por el chamán de su tribu, el Grilikamaug, en las cimas de lo que hoy conocemos como Cumbres de Normar. A finales de su decimoquinto año de vida, Emmeg completó el rito de ascensión de su tribu y abandonó por última vez su pueblo. Durante los dos años siguientes, no dejaron de llegar historias acerca de sus hazañas defendiendo caravanas de mercaderes de los bandidos o liberando a hombres bestia de la esclavitud.[1]

Las historias de los actos del noble orco llegaron finalmente a oídos de Sheogorath, príncipe daédrico de la locura, el cual le hizo entrega de una exótica espada curva conocida como Neb-Crescen. Emmeg aceptó de buen grado este generoso regalo y partió en busca de nuevas aventuras.[1]

Mientras exploraba un aislado bosque una semana después del curioso encuentro, el joven orsimer desenvainó su flamante espada al escuchar un sonido de pisadas cercanas al mismo tiempo que un sentimiento de ansia de sangre desbocada se apoderó de él. Cuando su locura pasajera desapareció y su cabeza se había despejado, Emmeg puedo observar por fin lo que había pasado: el cadáver de una joven orca cuyo cuerpo estaba cubierto de espeluznantes heridas yacía inmóvil en el suelo. Cuando se dio cuenta de lo que había hecho, Emmeg huyó de la escena avergonzado y horrorizado, arrojando su espada sobre la nieve salpicada de sangre.[1]

En ese mismo lugar, Sheogorath llevó a cabo ciertos ritos para invocar a Malacath y los dos señores daédricos se reunieron en presencia del cadáver desfigurado. El patrón de los orsimer, indignado, clamó venganza ante tal masacre y juró vengarse del autor de la misma. Sheogorath le ofreció su ayuda para localizar al culpable pero le pidió que, para matarlo, utilizase un arma de su elección y después lo desterrara a su plano de las Islas Temblorosas, donde le aplicaría su propio castigo. Malacath estuvo de acuerdo, por lo que tomó la ancha espada de Sheogorath y se fue.[1]

Tras materializarse delante del asesino Malacath desenvainó la espada y cercenó con ella la cabeza de su enemigo, cegado por una furia incontrolada y una sed de sangre sobrenatural. Cuando todo se calmó, Malacath abrió los ojos y miró la cabeza cortada de Emmeg Gro-Kayra, que seguía viva de alguna manera. En ese momento Malacath descubrió que el hombre al que había asesinado era el hijo con el que había bendecido a una doncella orca hacía varios años.[1]

Fue entonces cuando Sheogorath entró en el claro y envolvió la cabeza de Emmeg en un pequeño saco gris. A continuación recuperó a Neb-Crescen del cadáver y se volvió para irse. Malacath intentó levantarse, pero volvió a caer de rodillas al darse cuenta de que había condenado irreversiblemente a su propio descendiente al reino de Sheogorath, y lamentó su error mientras el sonido de las roncas plegarias de su hijo se desvanecía en el helado horizonte.[1]

AparicionesEditar

ReferenciasEditar

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