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Skyrim, también conocida como el Viejo Reino o la Patria, fue la primera región de Tamriel colonizada por humanos: los robustos, valientes, belicosos nórdicos, cuyos descendientes todavía ocupan esta accidentada tierra, y, aunque quizá rebajados de alguna manera con respecto a sus legendarios y renombrados antepasados de la antigüedad, los nórdicos de pura cepa todavía sobrepasan incuestionablamente al resto de razas mestizas en todas las virtudes masculinas.

Cuándo los nórdicos cruzaron exactamente por primera vez el helado mar de los Fantasmas desde Atmora, su hogar originario, no se sabe a ciencia cierta. Como está recogido en los Cantares del regreso, Ysgramor y su familia llegaron por primera vez a Tamriel en la Punta de Hsaarik, en la punta más al norte del Cabo Roto, escapando de la guerra civil de Atmora (por entonces bastante más cálida que en la actualidad, ya que parece haber albergado una importante población). Estos primeros colonizadores llamaron a la tierra "Mereth", como los elfos que vagaban por la indómita naturaleza que entonces cubría la totalidad de Tamriel. Por un tiempo, las relaciones entre hombres y elfos fueron armoniosas, y los nórdicos prosperaron en la nueva tierra, llamando a más parientes del norte para construir la ciudad de Saarthal, el lugar de la cual ha sido localizado recientemente por arquéologos imperiales en las cercanías de la moderna Hibernalia. Pero los elfos vieron que la vivaz y joven raza sobrepasaría pronto a su estancada cultura si se les dejaba sin control, y cayeron sobre los desprevenidos nórdicos en la infame Noche de lágrimas; Saarthal fue quemada, y solo Ysgramor y dos de sus hijos consiguieron escapar de la matanza y huyeron a Atmora. Los elfos, sin embargo, no habían contado con el indomable espíritu de los nórdicos. Reuniendo a sus legendarios Quinientos Compañeros (cuyos nombres son todavía recitados cada trece de Amanecer en la Fiesta de los Muertos de Ventalia), Ysgramor volvió a Tamriel para vengarse, expulsando a los elfos de Skyrim y poniendo los cimientos del Primer Imperio humano.

Puede ser que las hazañas del casi mítico Ysgramor combinen los reinos de varios de los primeros reyes nórdicos, ya que los elfos no fueron completamente expulsados de las actuales fronteras de Skyrim hasta el reinado del rey Harald, el decimotercero de la dinastía de Ysgramor, en los albores de la historia escrita. El rey Harald también es recordado por ser el primer rey en renunciar a todas las posesiones de Atmora; los nórdicos de Skyrim eran ahora un pueblo distinto, cuyos rostros se habían vuelto firmemente hacia su destino, la conquista de la vasta tierra nueva de Tamriel; todas las razas humanas, con la excepción de los guardias rojos, son descendientes del linaje nórdico, aunque en algunas la vieja sangre que corre es escasa.

El rey Vrage el Dotado comenzó la expansión que llevó al Primer Imperio de los nórdicos. En un periodo de cincuenta años, Skyrim regía todo el norte de Tamriel, incluyendo la mayoría de la actual Roca Alta, un trecho del Valle de Nibenay y la totalidad de Morrowind. La Conquista de Morrowind fue una de las luchas épicas de la Primera Era, cuando resultó en muchos combates desesperados entre nórdicos y dunmer en las colinas y calveros de ese terrible reino, todavía recordado por las canciones de los trovadores en las tabernas de Skyrim. El sistema de sucesión en el Primer Imperio es digno de mención, ya que demostró ser al final la ruina del Imperio. En los primeros años del Primer Imperio, Skyrim ya estaba dividida en comarcas, entonces gobernadas por un popurrí de jefes de clan, reyes, y consejos (o juntas), todos los cuales eran vasallos del Rey de Skyrim. Durante el expecionalmente largo reino del rey Harald, quien murió a los 108 años de edad y sobrevivió a todos menos a tres de sus hijos, una Junta fue creada, compuesta por los representantes de cada comarca, para elegir al siguiente rey de entre los miembros cualificados de la familia real. A lo largo de los años, la Junta se convirtió en permanente y adquirió una cantidad de poder cada vez mayor; para el reinado del rey Borgas, el último de la dinastía Ysgramor, la Junta se había convertido en partidista e ineficaz. Tras la muerte del rey Borgas por la Caza salvaje (ver Dominio de Aldmer), el fracaso de la Junta en coronar al obvio y capaz jarl Hanse de Hibernalia desencadenó la desastrosa Guerra de Sucesión de Skyrim, durante la cual Skyrim perdió el control de sus territorios en Roca Alta, Morrowind y Cyrodiil, para nunca ganarlos de nuevo. La guerra finalmente terminó en 1E 420 con el Pacto de los jefes; de ahí en adelante, la Junta se reunió solo cuando un rey moría sin descendencia directa, y ha cumplido con este papel más limitado admirablemente. Ha sido convocada solo tres veces en los milenios intermedios, y la sucesión de Skyrim nunca más ha vuelto a ser disputada en el campo de batalla.

La tierra de Skyrim es la más escarpada del continente, conteniendo cuatro de los cinco picos más altos de Tamriel (ver Garganta del Mundo). Solo en el oeste las montañas se reducen en los cañones y mesetas de La Cuenca, con diferencia la más cosmopolita de las comarcas de Skyrim, siendo los nórdicos de pura cepa sólo la más ligera mayoría según el censo imperial. El resto de Skyrim es un mundo vertical: los altos riscos de las cadenas montañosas que van de noroeste a sudeste, surcados por profundos y estrechos valles donde reside la mayoría de la población. A lo largo de los lados de los valles fluviales, robustos granjeros nórdicos cultivan una amplia variedad de especies; el trigo florece en los relativamente templados valles, mientras que sólo los arbustos de sinforicarpos pueden sobrevivir en los huertos altos cercanos al límite del bosque. Los asentamientos nórdicos originales estaban establecidos generalmente en riscos rocosos que se alzaban por encima de un valle fluvial; muchos de estos pueblos todavía sobreviven en las comarcas más aisladas, especialmente a lo largo de la frontera con Morrowind. En la mayor parte de Skyrim, sin embargo, esta ubicación defensiva fue considerada innecesaria antes de mediados de la Primera Era, y la mayoría de las ciudades y pueblos se encuentran en el fondo de los valles, en algunos casos todavía contemplados desde arriba por las pintorescas ruinas de un asentamiento anterior.

Los nórdicos son maestros de las construcciones de madera; muchas estructuras siguen en uso hoy que fueron construidas por los primeros colonizadores hace más de 3000 años. Un buen ejemplo de ingeniería militar nórdica puede verse en el Fuerte Viejo, uno de los bastiones reales construidos por el Primer Imperio para proteger su frontera meridional. Elevadas murallas de inmensos e irregulares bloques de pórfido encajados sin marca ni argamasa, como si hubieran sido construidos por los míticos ehlnofey en vez de por hombres.

Las nueve comarcas presentan un aspecto variado en cuanto a gente, gobierno, y comercio. La Cuenca podría ser confundida por uno de los insignificantes reinos de Roca Alta; está llena de bretones, guardias rojos, imperiales, elfos de todo tipo, e incluso unos cuantos khajiitas perdidos. Las comarcas septentrionales y occidentales -Hibernalia, Marca Oriental, La Grieta, y El Pálido- permanecen más aisladas, por geografía y elección, y los nórdicos de allí todavía dan por buenos los métodos antiguos. Los forasteros son una rareza, normalmente una visita una vez al año de un vendedor ambulante. Los hombres jóvenes se van durante semanas a las cimas altas en el medio del invierno, a cazar los espectros de hielo que les dan la posibilidad de reclamar el estatus completo de ciudadanos (una loable práctica que podría servir de modelo para las regiones más "civilizadas" del Imperio). Aquí, también, reverencian a sus líderes hereditarios, mientras que las otras comarcas han sido gobernadas desde hace mucho tiempo (de alguna manera) por juntas elegidas. Es una suerte para Skyrim y el Imperio Septim que las gentes de las Viejas comarcas hayan preservado las tradiciones de sus antepasados. Skyrim ha estado dormida desde hace mucho, hibernando a través de los milenios mientras conquistadores advenedizos se aupaban a lo alto de la arena de Tamriel. Pero ahora, un hijo de Skyrim una vez más sostiene el destino del mundo en sus manos. Si Skyrim tiene que despertar, su renacimiento será liderado por estos nórdicos auténticos que resultan su mejor esperanza para el futuro. [VIAJERO: encontré muchas de estas aldeas de las montañas casi vacías de hombres jóvenes, que habían sido seducidos para unirse a los ejércitos de Septim por promesas de riqueza y gloria; los ancianos de las aldeas ven poca esperanza de que sus hijos vuelvan nunca.]

ReferenciasEditar

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