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B letterravil, con su radiante y sencilla belleza y su ilustre pasado, es una de las ciudades más pintorescas de Cyrodiil. Ninguna visita a la parte meridional de la Provincia Imperial estaría completa sin pasar por el vibrante puerto fluvial de Bravil, charlar un poco con los simpáticos niños de la zona y, por supuesto, susurrarle a la famosa estatua de la Anciana Afortunada, como manda la tradición.

Miles de años antes de la llegada de los atmoranos, los ayleid habitaban en las cercanías de lo que hoy día es Bravil. Las aguas del Niben, igual que en la actualidad, les proporcionaban comida y transporte, aunque en aquella época la población superaba en número a la actual. No estamos seguros del nombre que daban a esta región, ya que la única palabra que conocemos se traduce simplemente como “hogar”. Estos feroces ayleid estaban tan firmemente atrincherados, que la región de Brvavil fue una de las últimas zonas que el ejército alessio liberó, en el segundo siglo de la Primera Era. Aunque, gracias a Mara, quedan pocos restos arqueológicos y culturales de aquella época, los relatos que hablan de su libertinaje y depravación son legendarios.

Los eruditos siguen planteándose cómo pudieron sobrevivir sitiados durante tanto tiempo, aunque todos coinciden en que el honor de la victoria fue de Teo Bravillio Taso, centurión de la emperatriz Alessia al que se debe el actual nombre de la ciudad.

Se dice que invadió el poblado hasta cuatro veces, a pesar de su feroz resistencia, pero que al amanece del día siguiente todos los soldados aparecían asesinados. Cuando llegaban los refuerzos, la ciudad fortificada volvía a estar llena de ayleid. En la segunda invasión, encontraron pasadizos subterráneos que lograron cerrar, pero, por la mañana, los soldados volvieron a amanecer muertos y los ayleid poblaban de nuevo la ciudad. Durante el tercer asedio, las legiones se apostaron a las afueras de la ciudad, y vigilaron las vías de entrada y el cauce del río atentos a cualquier posible ataque. Al amanecer, los cuerpos de los soldados eran arrojados sin vida desde los parapetos de la ciudad.

Teo Bravillio Taso intuía que los ayleid debían de esconderse en algún lugar de la ciudad, a la espera de que cayera la noche, para dar muerte a los soldados mientras dormían. La pregunta era dónde. Tras la cuarta invasión, él mismo inspeccionó con sus soldados cada rincón de la ciudad. Cuando ya estaban a punto de darse por vencidos, un gran centurión se fijó en un par de cosas. En el borde de los escarpados muros de la ciudad, a una altura a la que era prácticamente imposible de escalar, se observaba una especie de almenas con estrechas plataformas. Y junto al cauce del río en el interior de la ciudad, descubrió una huella de alguien que no llevaba calzado imperial.

Al parecer, los ayleid se habían escondido en dos sitios distintos. Algunos habían levitado hasta la parte superior de los muros, donde pasaban desapercibidos, y otros, capaces de respirar bajo el agua, se habían zambullido y ocultado en el río. Una vez localizados los extraños escondites de los elfos, resultó muy fácil expulsarlos de la ciudad, con lo que se acabó, por fin, con los asesinatos de las tropas a medianoche.

Parece increíble que toda comunidad conociera este tipo de hechizos cientos de años antes de que se formase el primer gremio de magos, ya que hasta ese momento, las artes mágicas no estaban al alcance de la gente normal y corriente. Sin embargo, resulta evidente que, al igual que los psijic de la isla de Arteum desarrollaron el misticismo antes incluso de que esta ciencia tuviera nombre, los oscuros ayleid del sur de Cyrodiil dominaban el arte que hoy se conoce como alteración. Tampoco es algo tan insólito, si tenemos en cuenta que en esa misma época ya se sabía que algunos ayleid eran cambiaformas. Los antiguos habitantes de Bravil no podían convertirse en bestias ni monstruos, pero sí podían alterar sus cuerpos para ocultarse; una habilidad bastante útil, sin duda alguna, pero no lo suficiente, ya que al final no consiguieron salvarse.

Hoy en día queda muy poco de su presencia en Bravil, aunque la ciudad cuenta con suficientes maravillas arquitectónicas de épocas posteriores. A pesar de la espectacularidad y las bellas líneas de la catedral dedicada a Mara y del palacio de su señoría, ninguna obra de Bravil es tan famosa como la estatua de la Anciana Afortunada.

Son demasiadas las fábulas en torno a la anciana y sus orígenes como para enumerarlas todas.

Se cuenta que era la hija ilegítima de una prostituta de Bravil, un comienzo poco prometedor. Los demás niños se burlaban de ella, preguntándole sin cesar quién era su padre. La niña terminaba volviendo a su humilde chabola con lágrimas en los ojos.

Un sacerdote de Stendarr llegó un día a Bravil para realizar algunas obras de caridad. Vio a la pequeña llorando y, cuando le preguntó qué le sucedía, ella le contó la causa de su angustia: no sabía quién era su padre.

“Tus ojos son bondadosos y no eres una mentirosa”, replicó sonriendo el sacerdote tras unos instantes. “Está claro que eres hija de Stendarr, el dios de la misericordia, la caridad y la fortuna bien labrada”.

Las atentas palabras del sacerdote le llegaron al alma y la cambiaron profundamente. Desde entonces, cada vez que alguien le preguntaba sobre su padre, ella simplemente respondía: “Soy hija de la fortuna”.

Se hizo posadera y, según dicen, era amable y generosa con sus clientes, y les permitía pagar cuando buenamente podían. Una noche particularmente lluviosa, dio cobijo a un hombre joven cubierto de harapos que, además de no tener dinero, se comportó con rudeza a pesar de que ella le había ofrecido alimento y un lugar para pasar la noche. Al día siguiente, se marchó sin agradecérselo siquiera. Sus familiares y amigos la reprendieron advirtiéndole que debía ser más cuidadosa, ya que ese tipo de sujetos podía ser peligroso.

Una semana más tarde el príncipe imperial llegó a Bravil en carruaje. Se trataba del mismo joven al que la posadera había ayudado, aunque estaba totalmente irreconocible. Se deshizo en disculpas por su apariencia y comportamiento anteriores. Le explicó que había sido raptado y hechizado por un grupo de brujas, y que no había vuelto a sus cabales hasta mucho después. El príncipe la llenó de riquezas, que, como era de esperar, compartió con toda la gente de Bravil, donde vivió contenta y tranquila hasta el fin de sus días.

Nadie sabe cuándo se erigió su estatua en la plaza ni qué artista la esculpió, pero ha permanecido en ese mismo lugar durante milenios, desde la Primera Era. Tanto los habitantes de Bravil como todos aquellos que visitan la ciudad se acercan a la Anciana Afortunada para pedirle buena suerte.

Un encantador recuerdo de la encantadora y próspera ciudad de Bravil.
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