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n el año 283 de la Segunda era, el potentado Versidue-Shaie tuvo que enfrentarse a un imperio en desintegración. La rebelión de los reinos vasallos de Tamriel había alcanzado cotas inimaginables. Desafiaban abiertamente su mandato, negándose a pagar los tributos y atacando a los distintos enclaves de la guarnición imperial. Tras la destrucción de su fortaleza en Dawnstar, convocó al consejo imperial en lo que más tarde se conocería como el Concilio de Bardmont, ya que fue en esta ciudad meridional donde se reunieron. En dicho concilio el potentado impuso la ley marcial y su credo religioso. Advirtió a los príncipes de Tamriel que de no deponer las armas, conocerían la fuerza de su puño.

Los siguientes 37 años fueron, quizás, los más cruentos de toda la historia de Tamriel.

Para aplastar los ejércitos de sus adversarios, Versidue-Shaie tuvo que sacrificar muchas de sus mejores legiones. En la empresa invirtió, además, hasta la última moneda del tesoro imperial. No obstante, consiguió lo impensable. Por primera vez en la historia, sólo un ejército lo dominaba todo, y éste no era otro que el suyo.

Aun así, los problemas no tardaron en aparecer, y de igual magnitud que el triunfo logrado. La guerra también había empobrecido a los reinos involucrados, que habían empleado todos sus recursos en la defensa. Tanto los agricultores como los mercaderes ya no contaban con medios para ganarse la vida. Anteriormente, los príncipes de Tamriel no estaban dispuestos a pagar tributos. Ahora, no podían hacerlo. 

Los únicos que resultaron beneficiados fueron los forajidos, que podían campar a sus anchas en una tierra sin ley, sin temor a ser arrestados ahora que guardias y milicia habían desaparecido. Se trataba de una situación peliaguda que el akaviri ya había visto venir incluso antes de aniquilar al último ejército levantado, pero para la que no había encontrado solución alguna. No podía permitir que sus súbditos se armaran de nuevo, pero el imperio se veía sumido en una anarquía absoluta mientras tanto. Aunque intentaba paliar la criminalidad, sus ejércitos y autoridad central no suponían amenaza alguna para los bajos fondos. 

A principios del año 320, un pariente de Versidue-Shaie, Dinieras-Ves —el hombre de hierro— se presentó junto a varios de sus compañeros de aventuras. Fue él quién le propuso formar una orden de mercenarios que pudiera ser contratada por la nobleza para evitar la formación de ejércitos regulares. Su actividad sería temporal y un porcentaje de la suma acordada iría a parar a las arcas del potentado. De esta forma, Versidue-Shaie mataba dos pájaros de un tiro.

En un principio, la orden se denominó Syffim, palabra tsaesci que significa soldados, aunque más tarde pasó a conocerse con el nombre de Gremio de Luchadores

Dinieras-Ves, el hombre de hierro, creyó oportuno que la comunidad estuviera compuesta sólo por akaviri. Ningún historiador discute esta cuestión, aunque no hay unanimidad sobre los motivos de esta decisión. La explicación más lógica y extendida es que conocía bien a sus compatriotas y confiaba en ellos. Además, su pueblo contaba con cierta tradición en la lucha por dinero, lo cuál era una ventaja. Otros, sin embargo, creen con razón que tanto Dinieras-Ves como el potentado pretendían terminar definitivamente con la conquista de Tamriel iniciada 500 años atrás. El clan Akaviri, derrotado por la dinastía Reman cuando atacó Tamriel en el año 2703 de la Primera era, tenía ahora a un potentado en el trono y, tras las maquinaciones de Dinieras-Ves, estaba a punto de lograr que las milicias locales estuvieran compuestas por sus hombres. Lo que no habían conseguido en los campos de combate, lo obtendrían ahora a base de paciencia. Como apuntan muchos estudiosos, se trata de una estratagema utilizada con frecuencia por los inmortales hombres ofidios, los tsaesci de Akavir, quienes siempre han tenido el tiempo de su parte.

Este debate, sin embargo, es puramente académico, ya que aunque los Syffim lograron establecerse en algunos reinos vecinos a Cyrodiil, en seguida se hizo patente que necesitaban guerreros locales. Parte del problema se reducía a que no había suficientes akaviri para el trabajo que debía realizarse. Por otro lado, los hombres ofidios no conocían ni la geografía ni las costumbres de las regiones que le eran asignadas. 

Era evidente, pues, que los Syffim necesitaban algunos miembros adicionales. Seis meses más tarde, tres nórdicos, una hechicera guerrera, un pícaro rufián y un caballero fueron admitidos en la orden.

El caballero, cuyo nombre se perdió con el devenir del tiempo, era un gran entendido de las armaduras, y probablemente hizo tanto por la orden como el propio Dinieras-Ves. Como se ha demostrado en más de una ocasión, los akaviri, en especial los tsaesci, saben más de armas que de armaduras. Independientemente de si ellos las utilizaban o no, el caballero podía indicarles cuáles eran los puntos débiles de cada armadura: cuántos puntos de unión tenía una hombrera o una esquinela, o la diferencia entre codales y colondrinos, gorjales y gocetes, escarcelas y escarpes, así como de morriones y mandiletes.

Gracias a esto, avanzaban a pasos agigantados en su lucha contra maleantes y forajidos, con resultados inimaginables para su reducido número. De hecho, los historiadores bromean diciendo que si los akaviri hubieran contado con armeros nórdicos en la Primera era, lo habrían invadido todo.

El éxito cosechado por estos tres extranjeros abrió las puertas de los Syffim a nuevos miembros locales. Antes de que acabara el año, el negocio de Dinieras-Ves se había extendido por todo el imperio. Cientos de hombres y mujeres jóvenes se unieron a la orden por diversas razones: para huir de la pobreza, porque buscaban acción y aventuras o por ayudar a sus vecinos frente al crimen, entre otras muchas. Tras ser entrenados, pasaban a formar parte de las cuadrillas que ayudaban a la aristocracia a resolver sus problemas, convirtiéndose en guardas o soldados de las zonas circundantes. 

En un corto plazo de tiempo, los Syffim consiguieron innumerables logros en su lucha contra el crimen y los esbirros locales. Esto animó al potentado Versidue-Shaie a reunirse con otras organizaciones interesadas en obtener la autorización imperial. A pesar de haberse creado con anterioridad, el Gremio de Magos siempre había sido visto con reticencia por parte del gobierno. En el año 321 de la Segunda era, el potentado aprobó las leyes de gremios, por las cuáles se autorizaba y se imponía oficialmente una tasa al Gremio de los Magos, así como al de los hojalateros, zapateros, prostitutas, escribas, arquitectos, cerveceros, vinateros, tejedores, exterminadores de ratas, peleteros, cocineros, astrólogos, curanderos, sastres, juglares, letrados y Syffim. Éstos últimos, sin embargo, no aparecían recogidos en el fuero como Syffim sino como Gremio de Luchadores, el nombre por el que comúnmente se les conocía. Todos estos gremios, y los que más tarde siguieron en proclamas durante la Segunda y Tercera era, contarían con la protección y el beneplácito del imperio de Cyrodiil, una muestra de su valor para las gentes de Tamriel. Todos ellos debían abonar cierta cantidad para ampliar su ámbito de influencia. El imperio, además de verse fortalecido con su presencia, volvió a llenar sus arcas una vez más.

Poco después de la muerte de Versidue-Shaie, tres años después de la promulgación de las leyes de gremios, su heredero Savirien-Chovak permitió la reforma de los ejércitos locales. El Gremio de Luchadores dejó de ser el principal brazo armado de la aristocracia, aunque sus beneficios quedaron plenamente demostrados. Aunque en todas las épocas han existido personas de gran coraje que se han labrado su propio camino, muchos historiadores sugieren que Dinieras-Ves fue el padre del espíritu aventurero: ese espíritu que hace que tanto hombres como mujeres consagren su vida a la búsqueda de fama y fortuna.

Así pues, hasta cierto punto, todos estamos en deuda con el Gremio de Luchadores en general y no sólo con sus miembros. Por un módico precio, ha proporcionado brazos fornidos para solucionar problemas de forma neutral y respetando la ley. Sin ellos, no habría gremios de ningún tipo, e incluso podría decirse que tampoco existiría el aventurero de hoy día.

Curiosidades Editar

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