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Knights of the NineEditar

SkyrimEditar

ContenidoEditar

Nota del editor: los volúmenes del I al VI se han extraído del llamado Manuscrito Reman de la Biblioteca Imperial. Se trata de una transcripción de fragmentos antiguos recopilados por un erudito anónimo de principios de la Segunda Era. Poco más se sabe sobre el origen de estos fragmentos, algunos de los cuales parecen ser del mismo periodo (quizá incluso del mismo manuscrito). Sin embargo, al no haber consenso entre los expertos sobre la fecha original de estos seis fragmentos, no se dará ninguna opinión al respecto.

Y entonces Perrif, con los ojos levantados hacia los cielos, volvió a hablar con la Doncella. No habiendo conocido la piedad de los dioses desde la instauración del reinado de los elfos, habló como una mortal, cuya pasión y fortaleza, a pesar de las dificultades, fue alabada por los dioses. Una humilde entereza que puede arder simbólicamente pero resquebrajarse [sin más] en cualquier momento y que siempre termina en muerte (y es por eso que el dragón y sus descendientes aman a aquellos que dejan sus almas inflamarse por la pasión). Sus palabras fueron: "Le he dado nombre a esto que sueño: yo lo llamo libertad, que creo que es otra forma de decir Shezarr el Desaparecido... [Tú] provocaste la primera lluvia cuando él cayó [y eso] es lo que te pido ahora para nuestros gobernantes extranjeros... [que] podamos aplastarlos y pagarles con su misma crueldad, dispersándolos en las profundidades de Topal. Permite a tu poderoso e indómito hijo, el alado y astado Morihaus, descender hasta nosotros para contagiarnos de rabia". [Y entonces] Kyne concedió a Perrif otro símbolo, un diamante rojo impregnado con la sangre de los elfos, [cuyas] facetas talladas podían [separarse y formar] un hombre que cortaría con su filo los grilletes, y un nombre: PELIN-AL [que significa] "El caballero hecho de las estrellas" [y este hombre] llegó ataviado con una armadura [desde el futuro]. Y se adentró en las selvas de Cyrod con espíritu destructor y con Morihaus siguiéndole el paso sediento de sangre y agitado por su llegada... [y Pelinal] entró en el campamento de rebeldes de Perrif blandiendo una espada y una maza, ambas incrustadas con restos de carne, así como de plumas y perlas mágicas de los ayleid, y al levantarlas cayeron regueros de sangre y vísceras mientras entonaba: "Estos eran los verdugos del este, ya están acallados para siempre".

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