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El 14 de Última semilla, un ilusionista llamado Berevar Bero pronunció un discurso que demostraba su gran ignorancia en la Capilla de Julianos de la Ciudad Imperial. Como los discursos de ignorantes son bastante comunes, no había necesidad de responder con una réplica. Por desgracia, desde entonces ha impreso el discurso para uso privado denominándolo “Discurso de Bero a los magos guerreros” y ha recibido algo de atención, poco merecida, en los círculos académicos. Enterremos de una vez sus equivocadas ideas.

Bero comenzó su charla enumerando de forma ocasionalmente objetiva a famosos magos guerreros, desde Zurin Arcto, el mago guerrero imperial de Tiber Septim, hasta Jagar Tharn, el mago guerrero imperial de Uriel Septim VII. Trataba de demostrar que, llegado el caso, el mago guerrero confía en otras escuelas de magia sin limitarse a la escuela de destrucción que, al parecer, es el punto fuerte característico de un mago guerrero. En primer lugar, permitidme cuestionar estos supuestos hechos históricos.

Zurin Arcto no creó al gólem Numidium mediante hechizos de las escuelas de misticismo o de conjuración tal y como alega Bero. La verdad es que desconocemos cómo fue creado Numidium o si era un gólem o un atronach en el sentido tradicional de esas palabras. El mago guerrero de Uriel V, Hethoth, no era un mago guerrero imperial, simplemente un brujo al servicio del Imperio, por lo que los hechizos que lanzara durante las distintas batallas en Akavir son irrelevantes y no se deberían mencionar en este caso. Bero llama a Welloc, el mago guerrero de la emperatriz Morihatha, “un experto diplomático” pero no un “poderoso estudiante de la escuela de destrucción”. He de felicitar a Bero por su correcta identificación de un mago guerrero imperial, pero existen muchos ejemplos documentados acerca de la habilidad de Welloc en la escuela de destrucción. El sabio Celaro, por ejemplo, escribió largo y tendido sobre el hechizo de nube vampírica que Welloc lanzó contra el ejército rebelde de Rosa Negra, que traspasó se fuerza y habilidad a sus oponentes. ¿Qué es esto sino un impresionante ejemplo de la escuela de destrucción?

Bero incluye, con bastante patetismo, a Jagar Tharn en su lista de magos guerreros ineptos. Proponer a un traidor enfermo como ejemplo de comportamiento racional no constituye precisamente un pilar que asiente su teoría. ¿Qué es lo que hubiera preferido Bero: que Tharn se sirviera de la escuela de destrucción para arrasar Tamriel con métodos más tradicionales?

Bero se fundamenta en su mala interpretación de la historia para establecer las bases de su teoría. Incluso aunque hubiera encontrado a lo largo de la historia cuatro ejemplos magníficos de magos guerreros que lanzaran hechizos no específicos de su escuela, cosa que no ha hecho, tan solo dispondría de pruebas anecdóticas, que no resultan suficientes para demostrar una teoría. He podido encontrar con facilidad cuatro ejemplos de ilusionistas que lanzaban hechizos de curación o de teletransporte de hojas nocturnas. Hay un momento y un lugar para todo.

El argumento de Bero, asentado sobre una base inestable, intenta demostrar que la escuela de destrucción no es una verdadera escuela. Afirma que se trata de un campo de estudio “estrecho y poco profundo” y califica a sus estudiantes de individuos impacientes con tendencias megalomaníacas. ¿Cómo se puede responder a esto? ¿Alguien que no sabe nada sobre cómo se lanza un hechizo de destrucción critica la escuela por ser demasiado simple? Reducir la escuela de destrucción al conocimiento de “cómo provocar el máximo dolor en el mínimo intervalo de tiempo posible” es una idea claramente absurda. Además, expone su ignorancia al confeccionar una lista de todos los complicados factores que estudia su propia escuela, la de ilusión.

Permitidme responderle con la lista de factores que estudia la escuela de destrucción. La forma de pronunciar un hechizo importa más en esta escuela que en ninguna otra según si se trata de un hechizo de contacto, de alcance, de círculos concéntricos o si se formula primero y luego se desencadena. ¿Cuáles son las fuerzas que deben imperar a la hora de lanzar un encantamiento: el fuego, el relámpago o la escarcha? ¿Cuáles son las ventajas y peligros de cada una? ¿Cuáles son las respuestas de los diversos objetivos ante el asalto de distintos hechizos de destrucción? ¿Cuáles son las posibles defensas y de cuántas disponen? ¿Qué factores ambientales hay que tener en cuenta? ¿Cuáles son las ventajas de un hechizo de daño retardado? Bero sugiere que la escuela de destrucción no puede ser discreta, aunque olvida todas las maldiciones que se atribuyen a ella y que han afectado a generación tras generación de la forma más inteligente y sutil.

La escuela de alteración constituye una entidad distinta y separada de la escuela de destrucción, aunque el argumento de Bero por el que recomienda que se fusionen en una es evidentemente absurdo. Insiste (hay que recordar de nuevo que un hombre que no sabe nada acerca de las escuelas de alteración y destrucción es quien se obstina en esto) en que el “peligro” forma parte del cambio de la realidad al que se enfrentan los hechizos de alteración. La consecuencia es que la levitación, por citar un hechizo de alteración, es prima lejana del rayo de conmoción, un hechizo de destrucción. Tendría el mismo sentido decir que la escuela de alteración, como trata sobre la realidad del cambio, debería absorber a la escuela de ilusión, que se basa en la apariencia del cambio.

En realidad no es una coincidencia que un maestro de la escuela de ilusión lance este ataque sobre la escuela de destrucción ya que, al fin y al cabo, la ilusión consiste en enmascarar la verdad.

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