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SkyrimEditar

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Pongo estos secretos por escrito sabiendo perfectamente que quizá nadie saque nunca provecho de ellos. Me encuentro en mi lecho de muerte, y detestaría ver que cualquier tipo de conocimiento se pierde en las brumas del tiempo. Considerad esto los recuerdos estúpidos de un anciano, o las perspicaces reflexiones de un maestro encantador. Me da igual lo que elijáis.

Es bien sabido que los encantamientos están limitados de una forma que antes no lo estaban. Los mejores encantadores de esta era pueden infundir casi cualquier hechizo en el metal y el cuero de armaduras y armas. Sin embargo, una vez encantado, ese objeto ya no se puede volver a encantar otra vez. A esto se le llama la Ley del Primero. El primer encantamiento es el único que arraiga.

Durante mi vida, he viajado mucho. He visto la isla de Estivalia, he comulgado con los psijic, he caminado por las orillas de Akavir. Había esperado ver el perdido Atmora antes de fallecer, pero no era mi destino. Hasta he hecho algo impensable. He hablado con un dragón.

Se dice que los dragones han desaparecido de este mundo. Y, sin embargo, yo me encontré con uno. Refugiado en las ruinas humeantes de Páramo de Vvarden, me topé con él. Mi magia fue suficiente para derrotar a la bestia. Si eso te sorprende, tengo que decir que en mis tiempos fui un piromante de gran destreza.

Extenuado y a punto de quedarme sin hechizos, negocié con el wyrm, ofreciéndole la vida si aceptaba compartir sus secretos. Altivo hasta el final, aceptó ofrecer un secreto a cambio de una vida. Le pregunté su nombre, pero me dijo que preferiría morir antes que revelármelo. En su lugar me ofreció otra cosa. Y así es como aprendí a derrotar la Ley del Primero.

La ley en sí misma es inviolable. Sin embargo, un encantador hábil puede lanzar dos encantamientos simultáneamente sobre un solo objeto. Para hombres y elfos, el límite es de dos. El dragón dijo que los hombres y los elfos tienen dos brazos, dos piernas, dos ojos y dos orejas. Le pregunté por qué importaba eso, y la bestia se limitó a reír.

El encantador debe lanzar un encantamiento con la mano izquierda y otro con la derecha. Los ojos deben concentrarse en un único encantamiento, mientras que las orejas solo deben prestar atención al otro. Cuando le pregunté por mis piernas, la bestia volvió a reír.

Me pasé dos años tratando de dominar esta técnica. Solo el mes pasado conseguí hacer una espada con encantamientos de fuego y de miedo. Ahora estoy demasiado débil para repetirlo. Me voy hacia la muerte victorioso, pues he hecho lo que no ha conseguido ningún otro encantador en estos tiempos modernos.

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